COVID-19 transforma la industria del fútbol en las comunidades Latinas de Illinois

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El equipo Santas juega un partido en Seven Bridges Ice Arena en Woodridge, Illinois. (Foto por Rita Oceguera/ The Chicago Reporter)

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AURORA, Ill. – Al abrir la puerta lo primero que los visitantes escuchan es una mezcla de cumbia, reguetón y banda. Aunque la música sugiere un ambiente normal, el edificio se siente vacío. Los niños que antes corrían con alegría, desparramando papas fritas por el suelo a su paso,  ya no están. Las entusiastas madres y amigos que gritaban “El árbitro está comprado” o “Fue foul” han desaparecido.

Canchas de fútbol bajo techo, como Champions en Aurora, Illinois, son importantes para la comunidad Latina. Son espacios donde familias van a verse competir, lugares para comer, patios de recreo para niños y puntos de encuentro para conectar con otros Latinos. Algunos siguen jugando durante la pandemia, pero los bancos llenos de espectadores ahora solamente albergan a grupos dispersos, la mayoría de ellos con sus mascarillas puestas.

El virus se ha extendido incluso a las comunidades más pequeñas, cobrando más de 244,000 vidas en los Estados Unidos, de acuerdo con datos del Centers Disease Control and Prevention. Las comunidades Latinas no han podido reunirse con sus familias y los que  se ven, corren el riesgo de contagiarse. Los negocios se adaptaron a nuevas regulaciones pero muchos ahora están endeudados. Muchos no tienen la opción de quedarse en casa y tienen que ir a trabajar cada día, preocupados por contagiarse y llevar a casa la enfermedad. Todos libran sus batallas contra el virus y algo tan simple como el fútbol ha sido víctima de un  un efecto dominó que ha trastornado toda la industria.

“El fútbol siempre ha sido una cosa grande que une a la gente”, dijo Andrea Correa en inglés, una jugadora local en Aurora y otros suburbios. “Especialmente con la comunidad Latina, es algo que todos tenemos en común”.

Antes de la pandemia las canchas de fútbol conocidas como “Champions” estaban tan llenas que no había suficientes asientos para todos los espectadores. (Foto por Rita Oceguera/ The Chicago Reporter)

Correa vive en West Chicago pero juega en otros suburbios como Aurora, Bridgeview y Woodridge. Esta jugadora de 25 años no sólo vive el fútbol en el campo,  también lo hace en su trabajo diario con el Minnesota United FC, un equipo de la MLS, la liga profesional del país, como una creadora de contenido digital.

El fútbol es más que un deporte para jugadoras como Correa; es parte de sus vidas. “Quitarnos [el fútbol] nos hace sentir que no tenemos nada que podamos hacer”, dijo Correa. “Solamente nos quita un lugar donde podemos desahogarnos de todo lo que nos pasa ahorita”.

En Marzo Illinois cerró parques y negocios considerados no esenciales. Comunidades como Aurora donde las población de algunos condados es  75,7% Hispana, de acuerdo con la Oficina del Censo de EE.UU., tienen más riesgo de contraer COVID-19.

El virus afecta a los Latinos desproporcionadamente en relación al promedio de la población. Los Latinos componen un 17,5% de la población de Illinois, pero al 30 de noviembre, representaban un 19,4% de los casos de COVID-19, además de un 17,5 de las muertes relacionadas con el virus, según el Departamento de Salud Pública de Illinois.

Los efectos de la pandemia en las canchas locales de fútbol local subraya lo interconectados que están estos negocios con las vidas de los Latinos. La órden de cierre implementada en Marzo obligó a parques, canchas y negocios asociados con el fútbol a cerrar sus puertas, afectando a cada eslabón en esta industria. Cuando recibieron permiso para reabrir, los jugadores tuvieron que tomar la decisión de poner en riesgo su salud para jugar su deporte favorito y los negocios de fútbol lucharon para mantener su sustento, constantemente preocupados por una nueva órden de cierre por parte del estado. 

Negocios de futbol sufren durante la pandemia

En Marzo Zigno Soccer, una tienda de fútbol en Aurora, fue obligada a cerrar. Su dueño, Juan Rodríguez dijo que cerrar la tienda no solamente lo afectó económicamente sino moralmente. Rodríguez explicó que su familia intentó obtener un préstamo del Small Business Administration por el Programa de Protección de Pago pero dijo que no calificaron porque debían una cantidad pequeña al Internal Revenue Service. Aunque ofrecieron pagar la deuda al IRS, le negaron el préstamo.

“No tuvimos el apoyo económico [del gobierno] y tuvimos que hablar con el landlord y tampoco nos quisieron apoyar mucho”, dijo Rodríguez. El dueño se endeudó por los cuatro meses que tuvo que cerrar la tienda. Debía aproximadamente $12,000 y estuvo a punto de cerrar permanentemente. Tuvo que sacar dinero de sus ahorros y hablar de nuevo con su arrendador para poder pagar la mitad de su deuda y crear un sistema de abonos para pagar el resto.

Sin embargo, el cierre de la tienda era un síntoma de la realidad: la gente no estaba jugando.

Aproximadamente entre 30% y 40% personas han dejado de ir a las canchas de fútbol bajo techo, dijo Enrique Pérez, dueño de la Liga de Fútbol Chicago. (Foto por Rita Oceguera/ The Chicago Reporter)

“Si no dejan jugar a los equipos y a las ligas, nos afecta porque si la gente no está jugando, no van a comprar”, dijo Rodríguez. “Venía muy poca gente porque no había fútbol. Entonces decían los papás que para qué iban a comprar [a sus hijos] un zapato o algo para el fútbol si no lo iban usar”.

Actualmente, el fútbol se puede jugar a Nivel 1 y Nivel 2 en Illinois, por lo cual especifica prácticas sin contacto, partidos entre miembros del mismo equipo (con el consentimiento paterno para los que son menores de edad) y prohibe competencias o torneos.

Como Rodríguez, Enrique Pérez se sostiene del fútbol. Su negocio se llama la Liga de Fútbol Chicago. Aunque Pérez no se endeudó, perdió una cantidad significativa de ingresos cuando cerraron las canchas porque no habían equipos jugando y su negocio se enfoca en organizar equipos que jueguen en ligas en varios suburbios.

Aunque la gente ha regresado a jugar, Pérez calcula que hay entre 30% y 40% menos participantes y muchos de ellos todavía tienen miedo de jugar.

“A veces paso apuros en el indoor cuando le digo a la gente que se tiene que poner las máscaras”, dijo Pérez. “La gente ya está cansada de estar en casa. Es muy difícil después de 8 o 9 meses. La gente se cansa y ya no les importa”.

Perdiendo parte de la comunidad

Pérez enfatiza la importancia del fútbol en mantener una conexión con la comunidad Latina. “Aquí en los Estados Unidos la mayoría de la gente está estresada por los compromisos que tienen de pagar aquí, pagar allá. Viven una vida sedentaria”, dijo Pérez. “Es una manera que te desestresas. Se te olvida de todo. Solamente quieres marcar un gol. Es lo único que quieres hacer en 40 minutos. Creo que eso es una manera de vivir para los Hispanos. Solamente quieres jugar para olvidarte de la vida”.

Correa, acostumbrada a jugar fútbol dos veces a la semana, dejó de asistir a la cancha cuando empezó la pandemia. Ella vive con sus abuelos y dijo que sus condiciones médicas los hacen más vulnerables al virus.

Aunque sacrificar la práctica de un deporte parezca algo secundario en comparación a proteger la salud de sus seres queridos, sigue siendo un sacrificio. “Se sentía como que faltaba algo cada semana que no iba a jugar”, dijo Correa. Explicó que viendo a otros jugar en las redes sociales lo hizo más difícil para ella.

Enrique Pérez dijo que tiene miedo que cierren las canchas de fútbol bajo techo de nuevo porque podría causar que estos lugares quiebren. (Foto por Rita Oceguera/ The Chicago Reporter)

Eventualmente, Correa no pudo resistir al llamado de la cancha y cuando los casos en Illinois bajaron en Septiembre, regresó a jugar, pero con varias precauciones. Aunque sus abuelos seguían siendo lo primero en su mente, creó una rutina para protegerse lo más posible y mantener a sus seres queridos a salvo.

Durante el partido Correa trató de no tocar su cara o cualquier otra cosa directamente si no era necesario. Después de cada partido desinfectaba sus manos e iba directamente a casa. Mientras sus abuelos dormían, ella se cambiaba la blusa, se bañaba y trataba de mantener todo lo más limpio posible. Los días después de su partido trataba de no interactuar directamente con sus abuelos y mantener su distancia, dijo Correa.

La tasa de positividad sigue subiendo en Illinois y ya van varios días con una tasa más alta que 12%. Varias restricciones han sido implementadas de nuevo, como el cierre del interior de restaurantes y bares.

Ahora Correa se pregunta si debería parar de jugar fútbol de nuevo. “Ahorita está en el aire”, dijo Correa. “Si voy será bueno para mí mentalmente y físicamente porque esa es la manera que hago ejercicio y es tiempo para hacer algo que a mi me gusta. Pero si voy, hay la posibilidad de atraer algo y traerlo a mi casa. Tengo a mis abuelos ahí, se enferman y luego todo sería mi culpa”.

Correa dice que su experiencia jugando en diferentes canchas locales durante la pandemia ha sido diversa, con algunos lugares siguiendo los protocolos con mascarillas y distancia social y otros donde los espectadores no se ponen sus mascarillas y nadie los regaña. 

“Es literalmente como si estuvieras en un bar”, dijo Correa. “Todos vienen una vez a la semana. No sabes donde la gente ha estado. No sabes lo que la gente ha hecho. Podrían tener algo y no lo sabrías”.

Correa cree que los dueños de las canchas deberían hacer cumplir las reglas. Cuando la gente se quita la mascarilla, hace que otros cuestionen si ellos deberían de traer la suya puesta, dijo Correa.

“Si alguien se queja el lugar puede cerrar de inmediato y se acaba el fútbol”, dijo Correa. “Como jugadora local, me esfuerzo por seguir las reglas. No quiero que cierren las canchas bajo techo”.

“Este año 2020 ha sido un año muy especial en todos los sentidos. No lo vamos a olvidar porque la gente perdió familia, la gente vio algo que no había visto. Cerramos, perdieron su trabajo, no podían jugar futbol”, dijo Rodríguez. “Ha sido muy complicado. Esperemos que poco a poco se vaya solucionando.”

Rita Oceguera reporta sobre los suburbios de Chicago para the Chicago Reporter. Este artículo es parte de una serie llamada “On the Ground” con Report for America, una iniciativa de The GroundTruth Project.
Sígala en  Twitter: @ritaguera25